Es un libro super interesante-conmovedor de la vida real, la autora cuenta con un lenguaje muy a la mano las experiencias vividas desde que se transfiriò de Michigan a Kabul en el 2002, abriò una escuela de belleza recién después de que los talibanes dejaron Afghanistan, los relatos cuentan las historias de sus alumnas y amigas, les traduzco un pàrrafo que me pareciò impactante:
"Una estaba ahì porque habia sido violada. Otra porque habìa sido violada y su marido matò al culpable. También él estaba preso pero con una condena màs corta.
Varias muchachas estaban ahì porquè habìan tratado de escapar con sus enamorados.
Otra estaba ahì porque quedò embarazada de un hombre antes de que los padres la prometieran como esposa a otro.
Otra màs porque habìa tratado de matar al cuñado. Después de la muerte del marido vivìa en la casa del suegro y su cuñado la habìa violado y habìa maltratado a su hijo . Ella le rociò gasolina mientras dormìa y le prendiò fuego, pero el cuñado no muriò. El suegro la visitò en la càrcel para pedirle explicaciones , cuando supo lo acontecido fué al hospital y le diò un balazo a su hijo"
Suceden cosas tristìsimas en Afghanistan, y sus mujeres estan todavìa bajo el tratamiento brutal del machismo, trato de entender las diferencias culturales y me doy cuenta de que no son tan diversos de nosotros los occidentales a pesar de todas las usanzas folklòricas que caracterizan al pueblo afghano, nosotros que presumimos estar en la civilizaciòn del primer mundo nos deberiamos avergonzar de nuestro comportamiento animal teniendo tantas ventajas y tanta libertad desperdiciada, ellos tienen una escusa, estan devastados por la guerra, la miseria, la opresiòn y aùn asì estas mujeres estan tratando de salir adelante en sus pequeños mundos "envelados", y no cabe duda que las pequeñas cosas insignificantes son las que valen la pena:
"Durante el trayecto de regreso alcanzamos una fila de niños que caminaban a través del pavimento fangoso, se dirijìan al campo de futbol en un terreno desarmado de las minas. Los niños llevaban puestas unas botas de goma nuevas, de colores diferentes: moradas, rojas, verdes, amarillas, naranjas... ese sendero de montaña parecìa un arcoiris de piecitos infantiles"
Nota curiosa: la palabra que se me quedò grabada fuè chowkidor una especie de guardaespaldas
